APSE divulga conclusión falsa sobre opiniones de familias tras huelga

En resumen: La percepción que tenía 21% de los hogares en Costa Rica sobre la educación pública se vio afectada por la participación de los docentes en la huelga de 89 días contra la reforma fiscal el año pasado.

Eso lo indica una encuesta realizada por el Programa del Estado de la Nación (PEN) en febrero del 2019, cuyos resultados fueron publicados esta semana.

Aún así, la Asociación de Profesores de Segunda Enseñanza (APSE) ignoró este hecho y emitió un comunicado de prensa sobre el estudio el jueves pasado, donde celebra que la percepción de los hogares “no se vio afectada”.

Para hacer tal afirmación, el sindicato solo empleó los datos favorecedores de la encuesta: 85% de las familias dijeron que están satisfechas o muy satisfechas con el centro de enseñanza al que envían a sus hijos, y 62% de los hogares dijo que “no cambió” su percepción sobre los docentes o los centros educativos después del paro de labores.

La afirmación es incorrecta: el hecho de que la percepción de un porcentaje mayoritario no haya cambiado es distinto a declarar que esa valoración no cambió del todo.

Además, el PEN advierte que la ausencia de cambio en la valoración del servicio no quiere decir que los hogares estuvieran libres de afectaciones.

Precisamente, la mayoría de familias aseguró que la huelga afectó al menos a uno de sus hijos, y que el grado de afectación fue calificado como “mucho” en mayor parte. Esos datos también fueron ignorados por el APSE en su nota de prensa.

La encuesta también revela que la mayoría de familias está en contra de permitir huelgas en el sector educativo o que las podría tolerar con límites de tiempo.

En resumen: La percepción que tenía 21% de los hogares en Costa Rica sobre la educación pública se vio afectada por la participación de los docentes en la huelga de 89 días contra la reforma fiscal el año pasado.

Eso lo indica una encuesta realizada por el Programa del Estado de la Nación (PEN) en febrero del 2019, cuyos resultados fueron publicados esta semana.

Aún así, la Asociación de Profesores de Segunda Enseñanza (APSE) ignoró este hecho y emitió un comunicado de prensa sobre el estudio el jueves pasado, en el que celebra que la percepción de los hogares “no se vio afectada”.

Para hacer tal afirmación, el sindicato solo empleó los datos favorecedores de la encuesta: 85% de las familias dijeron que están satisfechas o muy satisfechas con el centro de enseñanza al que envían a sus hijos, y 62% de los hogares dijo que “no cambió” su percepción sobre los docentes o los centros educativos después del paro de labores.

La afirmación es incorrecta: el hecho de que la percepción de un porcentaje mayoritario no haya cambiado es distinto a declarar que esa valoración no cambió del todo.

Además, el PEN advierte que la ausencia de cambio en la valoración del servicio no quiere decir que los hogares estuvieran libres de afectaciones.

La mayoría de familias aseguró que la huelga afectó al menos a uno de sus hijos, y que el grado de afectación fue calificado como “mucho” en mayor parte. Esos datos también fueron ignorados por el APSE en su nota de prensa.

La encuesta también revela que la mayoría de familias está en contra de permitir huelgas en el sector educativo o que las podría tolerar con límites de tiempo.

Afectaciones a los hogares

El PEN realizó una encuesta telefónica a una muestra representativa de 719 hogares de todo el país en febrero de este año. Los resultados tienen un nivel de confianza de 95%.

La encuesta investigó tres temas principales: “La valoración de los padres y madres de familia sobre el sistema educativo público;  sus actitudes y percepciones sobre la huelga y los impactos que ésta tuvo en las dinámicas cotidianas de los hogares”, describe el artículo que el PEN publicó esta semana con los resultados.

El PEN concluyó que las personas jefas de hogar tienen una alta apreciación del sistema educativo público. En la mayoría de los casos, esa valoración no cambió a raíz de la huelga.

Sin embargo, eso no significa que la huelga de casi tres meses hubiera pasado desapercibida en esas familias.

En primer lugar, 21% de las familias cambió negativamente la imagen que tenían de la educación pública. Además, 74% de lo hogares reportó que al menos uno de sus hijos resultó afectado por el paro de labores, y esa afectación fue mucha en 58% de los casos.

Además, la mayoría de los encuestados aseguró que sus hijos no pudieron asistir a clases durante la totalidad de la huelga, del 10 de septiembre al 7 de diciembre del año anterior. Eso implicó la interrupción parcial o total de los servicios de alimentación, becas y comedores.

Una cuarta parte de las familias tuvo que incurrir en un gasto adicional de unos ₡49.000 para alimentación debido al cierre de los centros educativos.

Comunicado de prensa del APSE, publicado en Facebook el 28 de marzo.

“Para la gente, el sistema educativo público es importantísimo, y está en alta valoración. Eso no significa que la gente no sintiera un impacto. Claro que lo hubo, y lo señalan”, dijo a Doble Check Isabel Román, coordinadora de la investigación.

Aún así, la APSE se enfocó en los resultados que ubicaban positivamente la imagen de la educación pública, y publicó que la percepción positiva de los hogares “no se vio afectada por la huelga”.

¿Por qué prevalece la buena imagen?

El análisis del PEN mantiene la hipótesis de que la alta valoración del servicio educativo registrada en la encuesta puede deberse al acceso que tienen los hogares a esta, independientemente de su nivel socioeconómico.

El nivel educativo de la mayor parte de los entrevistados no supera la secundaria y casi la totalidad (89%) respondió que carece de recursos económicos para enviar a sus hijos a centros de educación privados, y que no invirtió en tutorías durante el paro de labores.

“La suspensión del servicio educativo por la huelga afectó directamente a hogares vulnerables, que no tienen más opción educativa para sus hijos que no sea el sistema educativo público”, concluyó el estudio.

De ese modo, la buena imagen del servicio educativo se mantiene positiva por ser la única opción posible para los hogares, comentó Román.

“Pese a que la huelga tuvo impactos importantes en las familias, la gente sigue valorando el servicio educativo público; es que es lo que tienen”, explicó la investigadora.

Román añadió que el estudio del PEN pretende abrir un debate sobre la imagen de la educación pública, pero advirtió que “tiene que verse la información completa”.

Doble Check solicitó entrevista con la presidenta de la APSE, Mélida Cedeño, quien mostró “satisfacción por los resultados obtenidos” en la encuesta del PEN, según la nota de prensa del sindicato.

Por medio de su encargado de comunicación, Cedeño dijo que se limitará a las declaraciones del comunicado de prensa sobre la encuesta, y que “aún falta que se publique el informe completo” del PEN.

Familias en contra de huelgas

El sindicato de educadores ignoró otro resultado de la encuesta en su comunicado oficial: la mayoría de hogares (61,5%) considera que no deben permitirse huelgas en el sector educativo. Otro 23% de las familias está a favor de las huelgas, pero con un límite de tiempo de una semana a un mes.

Solo 8,2% de las familias en el país apoya que los educadores públicos hagan huelgas sin límite de tiempo, según la medición del PEN.

Carlos Alvarado sobredimensiona logro alcanzado en cifras fiscales

En resumen: El presidente Carlos Alvarado afirmó, a través de una publicación en Facebook, y a través de un comunicado oficial que el déficit fiscal del 2018 había cerrado en 6% del PIB: una reducción del 1,2% (sic), respecto al proyectado de 7,2% del PIB.

Aunque la cifra es correcta, Alvarado sobredimensiona el logro al compararlo con una proyección, en lugar de usar los datos del año anterior. En realidad, la disminución fue de 0,2 puntos porcentuales, si se compara con el 2017.

Además, aunque la caída es importante, es mucho menor a la que ya se había alcanzado en el 2016, en plena crisis fiscal y sin una reforma tributaria aprobada. Ese año el déficit disminuyó en 0,43 puntos porcentuales con respecto al año anterior: casi el doble de lo que ha conseguido el actual gobierno.

De hecho, el logro resaltado por Alvarado al comparar el déficit con la proyección también había ocurrido en el 2016. En ese año el gobierno de Solís también había alcanzado una caída de casi un punto porcentual en el déficit, con respecto al proyectado por el Banco Central.

Según la ministra de Hacienda, Rocío Aguilar, el gobierno comparó ese dato con el proyectado debido a que ése era el que usaban los organismos internacionales. Sobre el cambio del 2016 adujo que la caída de entonces se produjo por nuevos ingresos, mientras que la del 2018 se produjo debido a recortes en el gasto.

En resumen: El presidente Carlos Alvarado afirmó, a través de una publicación en Facebook, y a través de un comunicado oficial que el déficit fiscal del 2018 había cerrado en 6% del PIB: una reducción del 1,2% (sic), respecto al proyectado de 7,2% del PIB.

La cifra es correcta pero Alvarado sobredimensiona el logro al compararlo con una proyección, en lugar de usar los datos del año anterior. En realidad, la disminución fue de 0,2 puntos porcentuales, si se compara con el 2017.

Además, aunque la caída es importante, es mucho menor a la que ya se había alcanzado en el 2016, en plena crisis fiscal y sin una reforma tributaria aprobada. Ese año el déficit disminuyó en 0,43 puntos porcentuales con respecto al año anterior: casi el doble de lo que ha conseguido el actual gobierno.

De hecho, el logro resaltado por Alvarado al comparar el déficit con la proyección también había ocurrido en el 2016. En ese año el gobierno de Solís también había alcanzado una caída de casi un punto porcentual en el déficit, con respecto al proyectado por el Banco Central.

Según la ministra de Hacienda, Rocío Aguilar, el gobierno comparó ese dato con el proyectado debido a que ese era el que usaban los organismos internacionales. Sobre el cambio del 2016 adujo que la caída de entonces se produjo por nuevos ingresos, mientras que la del 2018 se produjo debido a recortes en el gasto.

Comparar con proyecciones

En una publicación en Facebook y en un comunicado de prensa del Ministerio de Hacienda, el presidente Alvarado destaca una reducción de un 1,2% (sic) del PIB en el déficit fiscal, con respecto a lo proyectado. Así, el déficit fiscal del 2018 cerró en 6,0%, en lugar de un 7,2%, que era lo esperado por el Banco Central de Costa Rica.

En realidad, usar ese dato sobredimensiona el logro. La evolución del déficit debería compararse a partir de lo que ha ocurrido en años anteriores, y no a partir de proyecciones que son expectativas de lo que podría suceder en el futuro.

Efectivamente, el gobierno logró disminuir el déficit, pero esa caída fue de 0,2 puntos porcentuales con respecto al año anterior.

La ministra de Hacienda explicó por qué se hizo la comparación con esa cifra.

“Efectivamente en la presentación del día de hoy se dijo eso, pero no solo se usó el proyectado. Lo que pasa con el proyectado es que los organismos internacionales (el BID, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional) habían considerado que al cierre de 2018 estaríamos cerca del 7,2%, que era lo proyectado”, señaló.

Parte del logro del gobierno en el 2018 se debe a recortes en los rubros de gasto (se recortó en todas las partidas menos en intereses) y a los ingresos recibidos por la amnistía tributaria, según datos del Ministerio de Hacienda.

En contexto

El presidente tampoco contextualiza que la caída no es inusual, y que —incluso— es menor a la que la administración anterior había conseguido en el 2016, cuando no había una reforma tributaria aprobada.

Ese año, la cartera de Hacienda había conseguido que el déficit pasara de 5,69% en 2015 a 5,26% en el 2016: una reducción de casi el doble que la actualmente presentada por Alvarado.

De hecho, para ese año, el Ministerio de Hacienda esperaba que el déficit cerrara en un 6%, por lo que también entonces la administración anterior había logrado una reducción de casi un punto con respecto a la expectativa del Banco Central.

A diferencia de la amnistía tributaria y los recortes en gasto, el Ministerio de Hacienda de aquel entonces había conseguido consolidar un aumento en la recaudación del impuesto de la renta, contener el aumento en los intereses e incorporar otros ingresos que no se habían empleado, como unos aportes de cuotas de pensiones con cargo al presupuesto, según detalló el exviceministro de Hacienda de la época, Fernando Rodríguez.

Ante la consulta de Doble Check, la ministra Aguilar resaltó que existe una diferencia entre el caso de 2016. Para la jerarca, en ese año el gobierno logró obtener más ingresos, mientras que en el 2018 el gobierno recortó más el gasto.

“La razón de la caída del 2017-2018 obedece fundamentalmente a el esfuerzo en contención del gasto”, señaló. “Si usted se fija entre el 2015 y el 2016 el gasto bajó 0,05 del PIB. En el período 2017-2018 el gasto baja en 0,39 del PIB. Es más, si usted le quita los intereses baja en 0.83 puntos. La diferencia entre uno y otro es que en este año el énfasis se dio en el gasto, y en el otro, en los ingresos”, dijo a Doble Check.

La jerarca agregó que la caída del 2016 no se mantuvo en los años siguientes, mientras que Hacienda espera que la caída en el 2018 se mantenga durante el 2019, debido a los recortes presupuestarios y la aprobación de la reforma fiscal. Adujo también que el anterior gobierno enfrentó un escenario favorable de cero inflación, mientras que este enfrentó -más bien- un menor crecimiento del PIB.

Punto porcentual no es lo mismo que porcentaje

Hay otro error en la publicación de Alvarado, uno de concepto.

Si el Banco Central esperaba un déficit de 7,2% del PIB, y el ejecutivo consiguió cerrar el año con uno de un 6%, la diferencia fue de 1,2 puntos porcentuales, no de un 1,2%.

Un punto porcentual es distinto a un porcentaje. Supongamos que usted recibe el 10% de las ganancias de una empresa. El año pasado la empresa ganó un millón de colones, así que usted recibirá 100.000 colones. Se hicieron ajustes en la empresa, y este año usted solo recibirá un 9% de las ganancias. Este año, la empresa ganó un millón de colones otra vez, así que usted recibió 90.000.

Sus ingresos, al final cayeron en una décima parte de lo que recibía (bajaron en 10.000 colones): cayeron en un 10%, y sin embargo, el porcentaje solo cambió en un punto porcentual, de 10 a 9.

Si el dato del presidente fuera cierto, una caída de un 1,2% en el porcentaje del PIB habría significado que el déficit pasó de 7,2% a 7,11%.