Canasta de Hacienda no es la que más aliviaría el bolsillo de los pobres

En resumen: Es incorrecto indicar que la nueva canasta básica se enfoca en lo que consumen los más pobres, como afirmó el viceministro de ingresos Nogui Acosta.

Hay 82 productos en la canasta de Hacienda que no coinciden con los que más consumen los hogares pobres. La metodología de Hacienda terminó incluyendo productos insignificantes en su economía, como la leche de cabra, la carbolina o la chuleta de pescado. ¿Cómo se explica su inclusión? Casi nadie los compró, pero la mayoría de quienes los adquirieron fueron pobres.

Para armar la lista de productos exonerados, Hacienda no estudia qué consumen los hogares más pobres. Hacienda estudia quién consume un producto. La diferencia es sutil pero importante.

No nos hagamos bolas. Quizás usted sea la persona que más compra palomitas de maíz entre todos los clientes de un supermercado, pero eso no quiere decir que el producto que usted más compra sean palomitas. Sucede lo mismo con Hacienda. La institución integró en la canasta productos que eran consumidos en una proporción considerable por los hogares pobres (las palomitas, si seguimos la analogía), pero no pensó en cuánto pesaban estos productos en la economía del hogar.

Entonces, la afirmación del viceministro es incorrecta porque, de entrada, Hacienda no basa su cálculo en el consumo de los hogares más pobres. Sin embargo, los productos de la lista representan el 73% del gasto en productos alimentarios de esos hogares a pesar de las omisiones de productos relevantes y de las inclusiones de productos económicamente insignificantes.

¿Qué pasaría si la lista de 178 productos alimentarios de Hacienda se depurara con aquellos verdaderamente más consumidos?

Hacienda todavía podría ahorrarle casi ₡20.000 adicionales por año a cada hogar pobre, según estimaciones gruesas que hicimos. Este perdón vendría con un costo.  Exonerarle más a los hogares con menos ingresos implicaría perdonarle todavía más a cada hogar rico (casi ₡70.000 más al año). La razón es que una canasta básica no solo aplica para los pobres, sino para todos los hogares y negocios del país: sin importar su posición económica.

En resumen: Es incorrecto indicar que la nueva canasta básica se enfoca en lo que consumen los más pobres, como afirmó el viceministro de ingresos Nogui Acosta.

Hay 82 productos en la canasta de Hacienda que no coinciden con los que más consumen los hogares pobres. La metodología de Hacienda terminó incluyendo productos insignificantes en su economía, como la leche de cabra, la carbolina o la chuleta de pescado. ¿Cómo se explica su inclusión? Casi nadie los compró, pero la mayoría de quienes los adquirieron fueron pobres.

Para armar la lista de productos exonerados, Hacienda no estudia qué consumen los hogares más pobres. Hacienda estudia quién consume un producto. La diferencia es sutil pero importante.

No nos hagamos bolas. Quizás usted sea la persona que más compra palomitas de maíz entre todos los clientes de un supermercado, pero eso no quiere decir que el producto que usted más compra sean palomitas. Sucede lo mismo con Hacienda. La institución integró en la canasta productos que eran consumidos en una proporción considerable por los hogares pobres (las palomitas, si seguimos la analogía), pero no pensó en cuánto pesaban estos productos en la economía del hogar.

Entonces, la afirmación del viceministro es incorrecta porque, de entrada, Hacienda no basa su cálculo en el consumo de los hogares más pobres. Sin embargo, los productos de la lista representan el 73% del gasto en productos alimentarios de esos hogares a pesar de las omisiones de productos relevantes y de las inclusiones de productos económicamente insignificantes.

¿Qué pasaría si la lista de 178 productos alimentarios de Hacienda se depurara con aquellos verdaderamente más consumidos?

Hacienda todavía podría ahorrarle casi ₡20.000 adicionales por año a cada hogar pobre, según estimaciones gruesas que hicimos. Este perdón vendría con un costo.  Exonerarle más a los hogares con menos ingresos implicaría perdonarle todavía más a cada hogar rico (casi ₡70.000 más al año). La razón es que una canasta básica no solo aplica para los pobres, sino para todos los hogares y negocios del país: sin importar su posición económica.

¿Porqué entró la leche de cabra y la carbolina? ¿Porqué no están las manzanas ni el brócoli?

El viceministro de ingresos de la cartera de Hacienda, Nogui Acosta, afirmó en Telenoticias que la metodología de la canasta básica procuró que «la tarifa preferencial se direccione a lo que efectivamente consumen los grupos de más bajos ingresos». Su afirmación es incorrecta.

La primera razón por la que su afirmación está equivocada es por el método de cálculo. Hacienda hizo su análisis a partir de cada producto y no desde cada hogar. ¿Qué quiere decir esto? Hacienda se fijó en cómo se comportaba el consumo de un producto y quiénes lo consumían. Por el contrario, no se fijó en qué consumía un hogar de los de menos ingresos y cuánto pesaba cada producto en sus gastos.

Veamos un ejemplo real. La Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) estimó en el 2013 que 1.233 de los casi 1,4 millones de los hogares en Costa Rica compraban y consumían leche de cabra.  Aunque los márgenes de error son muy altos, podemos afirmar que la gran mayoría de los hogares en Costa Rica no compraron leche de cabra. Eso también pasó con los hogares pobres. Solo 620 de los 279.044 hogares pobres en Costa Rica (el primer quintil) dijeron comprar leche de cabra. Es decir, solo el 0,22% de los hogares pobres.

Eso sí, aunque casi nadie compró leche de cabra, la mayoría de los pocos que lo hicieron eran pobres. 620 de los 1.233 hogares que compraron ese producto eran pobres, es decir: prácticamente la mitad. Esa es la razón por la que Hacienda incluyó el producto en la canasta: la mayoría de los que compraron el artículo eran pobres. No importó cuánto pesó este producto en el promedio de gastos de los hogares pobres de Costa Rica. 

En contraposición, veamos las manzanas. Según la encuesta, esa fruta habría sido comprada por 191.600 hogares en Costa Rica, y 15.957 de los hogares que la compraron y consumieron eran pobres. Es decir,  por cada hogar pobre que compró leche de cabra y la consumió, hubo 26 hogares pobres que compraron manzanas. Aún así, Hacienda excluyó la manzana de la canasta, pues los hogares pobres no representaron una proporción considerable de los que habían comprado esa fruta: solo representaban el 8% de los que la habían consumido.

Hacienda no incluyó la manzana, ni el brócoli, ni las galletas, ni otros productos porque la mayoría de la gente que los compraba no era pobre, aunque los pobres sí las consumían en cantidades mayores comparadas con otros productos que sí entraron en la canasta. Hacienda se fija si un producto es consumido por una proporción importante de hogares pobres. No se fija si la compra de ese producto pesó mucho o poco en la billetera de los pobres (según detalló Priscila Piedra, directora general de Hacienda, no existe un porcentaje específico de consumo dentro de los hogares pobres para que un producto entre o no, los cálculos fueron realizados producto por producto).

Veamos el ejemplo del brócoli. Según estos datos de Hacienda, la gran mayoría de los hogares que consumen brócoli son los de mayores ingresos (la barra del extremo derecho, que representa el quinto quintil, es decir, el 20% de los hogares más ricos).

(Datos facilitados por Hacienda. Las tendencias fueron verificadas por Doble Check).

La lógica de Hacienda es eliminarlo de la canasta. Sin embargo, la encuesta nos muestra que alrededor de 4.500 hogares pobres compraron ese producto. Estos son muchísimos más que los que consumieron carbolina (463), naranja agria (885) o chuleta de pescado (1.088), que sí están incluídos en la canasta. De nuevo, los márgenes de error son grandes a este nivel de detalle, pero nos muestran las tendencias en la metodología del Ejecutivo.

Hay casos en donde la metodología de Hacienda es exitosa al descartar alimentos: es decir, el producto es consumido por pocos hogares pobres y la mayoría de los hogares que lo consumen son ricos. Ese es el caso del atún en agua. Mírese por donde se mire, es un producto consumido por el quintil más rico en su mayoría y muy poco consumido por los hogares pobres (apenas 1.500 hogares pobres, dicen comprarlo).

(Datos facilitados por Hacienda. Las tendencias fueron verificadas por Doble Check).

Ahora veamos los casos opuestos: los que deberían beneficiar a los pobres. No nos vamos a fijar si lo consumió un montón de gente o poca. Hacienda tampoco lo hizo. Solo vamos a fijarnos en qué pasa cuando una buena parte de los hogares que compraron el producto fueron pobres. En ese caso, Hacienda sí los incluye.

Este es el consumo de huevos, que están en la canasta. Una buena parte de los hogares que compran huevos son pobres, y por eso Hacienda lo incluye. Además, aunque el Ejecutivo no se fije en ese dato, casi la mitad de los hogares pobres compran y consumen ese producto.

Nosotros conversamos con Hacienda. Su directora general, Priscilla Piedra, nos dijo que, a como ellos interpretan la ley, lo que tienen que hacer es un análisis por producto, no por hogar. El técnico a cargo del estudio, Óscar Fonseca, nos dijo que  los datos no son precisos cuando se analiza el consumo por hogar. Por ejemplo, nos dijo que los hogares suelen decir que consumen menos en cigarrillos y bebidas alcohólicas de lo que en realidad lo hacen. Dice que eso desajusta las proporciones de gasto.

Hacienda dice que su metodología arroja productos que sí fueron comprados en su mayoría por hogares pobres. Pero también concedió que no necesariamente todos son productos que la mayoría de pobres consumen. Eso nos lleva a la segunda pregunta.

¿La Canasta de Hacienda coincide con las canastas más consumidas por los pobres?

Hacienda incluye en su canasta básica 178 productos alimentarios dentro de los 1.169 que podía incluír en la canasta básica. Tendría lógica que los 178 productos más consumidos por los pobres o los 178 productos que más pesan en la billetera de los pobres fueran los que estuvieran exonerados, ¿correcto?

Encontramos que eso no sucede en todos los casos. De hecho, 82 de los 178 productos más consumidos por los pobres no coinciden con la lista. Si hacemos el cálculo con los productos que más cuestan a los pobres (es decir que más pesan en su billetera), encontramos que 77 tampoco coinciden. Entre esos productos están los jugos de frutas empacados, las galletas dulces y saladas, el pan baguette con queso o ajonjolí (el pan normal sí está exonerado), las salsas de tomate, la mayonesa, el filete de pescado y la manzana. (Hay varias consideraciones a tomar en cuenta aquí, y le recomendamos revisar la sección de metodología).

Entonces no. Hacienda no escogió la lista completa de productos que más compran los hogares pobres. Ni la lista de los que pesan más en su billetera. Sin embargo, su metodología le permitió acercarse bastante. Según nuestros cálculos, alrededor de un 73% del gasto en productos alimentarios de los hogares pobres coincide con aquellos productos que están en la canasta básica. Esa es la razón por la que decimos que la cita del viceministro Nogui Acosta es incorrecta, pero no podemos afirmar que la cita es completamente falsa.

En resumen, a pesar de que Hacienda no analizó lo que más consumen los hogares pobres, su metodología le permitió acercarse en un 73% a los productos que más pesan en su billetera.

¿Podemos perdonarle más a los pobres?

La respuesta es que sí, pero sabemos que eso tendría efectos en la recaudación. Si incluyéramos en la canasta de Hacienda los 178 productos más consumidos por los pobres, o los 178 que más pesan en su billetera, perdonaríamos un poco más a los pobres, pero todavía más a los ricos. De paso, Hacienda recaudaría muchísimo menos dinero.

El problema con la canasta básica es que no solo le quita los impuestos a los pobres, sino a todos: a los restaurantes, a los hoteles, a los hogares de clase media, a los hogares ricos: a todos. Al final, es como si los costarricenses también le pagaran a los ricos.

La canasta de Hacienda le perdona alrededor de un 73% de los impuestos que podrían imponerse a los hogares pobres en gastos alimentarios (la cifra perdonada se acercaría a los ₡110.000 anuales por hogar). Es prácticamente lo mismo que perdonaba la canasta básica vieja a los hogares pobres.

Pero podríamos perdonarles más. Tomemos el tope arbitrario de 178 productos alimentarios, basados en el número de productos de la canasta de Hacienda. Si les quitáramos los impuestos a los 178 alimentos que más consumen los hogares pobres, con las manzanas y los otros 81 productos que Hacienda no incluyó, le podríamos perdonar a cada hogar pobre casi ₡129.600 al año.  Si, en lugar de eso, quitáramos los impuestos a los alimentos que más pesan en el bolsillo de los pobres, podríamos perdonarles casi ₡132.000 al año. O sea, en un escenario más beneficioso para su bolsillo, los hogares pobres podrían pagar entre ₡19.000 y ₡22.000 menos por año en comparación con la canasta propuesta por Hacienda.

El problema es que, por perdonarle eso a los pobres, le perdonaríamos mucho más a los ricos. La canasta básica vieja de Hacienda le estaba perdonando a los ricos casi ₡146.000 al año por hogar: un 54% de los impuestos correspondientes a su gasto promedio en alimentos. Con la propuesta de Hacienda, el fisco le perdonaría muchísimo menos: ₡122.000 por año a cada hogar del quintil más rico (un 46% de los impuestos correspondientes a su gasto en alimentos). Sin embargo, si aprobáramos cualquiera de nuestras canastas hipotéticas, le estaríamos perdonando a los ricos entre 179.000 y 188.000 al año.

Priscila Piedra, la directora general de Hacienda, fue enfática al explicar que el Ministerio no armó su canasta pensando en cuánto dejaría de percibir el fisco. Nos dijo que eso lo supieron hasta el final cuando ya tenían su propuesta.

De cualquier forma, la canasta de Hacienda permite a la institución perder solo un 61% de lo que podría recaudar en impuestos a productos alimentarios, frente a los 66% que estaba perdiendo con su canasta vieja, o los 80% que perdería con nuestra canasta hipotética.

¿Perdonarle a los pobres o a los ricos?

¿Qué es preferible? ¿Perdonarle más a los pobres o cobrarle más a los ricos? No tenemos respuesta para esa pregunta: es un asunto de opinión.

¿Usted qué prefiere? Por ejemplo, si la canasta básica no existiera, Hacienda le podría cobrar más a todos los hogares y le podría devolver a los pobres tres, cuatro o cinco veces más de lo que les perdonaría con una canasta. Sin una canasta básica, el Estado recaudaría más, le perdonaría menos a los pobres, y en teoría, tendría más dinero para invertir en programas de erradicación de la pobreza.

El problema es hacerle llegar el dinero a los hogares pobres. ¿El Estado sabe específicamente a qué quintil pertenece cada persona y cuál es su cuenta de banco? Si fuera así, la institución cobraría todos los impuestos y les devolvería el dinero a los pobres. La decisión es un debate entre la practicidad y la eficiencia.

Dos breves chequeos sobre el tema

En el camino, encontramos dos chequeos breves sobre la canasta básica.

  1. Carlos Avendaño afirmó que Hacienda no podía crear una nueva canasta básica hasta que se publicara una nueva Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares. Eso es falso.
El diputado Carlos Avendaño sostuvo en Plenario que Hacienda no debía o podía reformar la lista de productos que conforman la canasta básica pues el artículo 11 inciso 6 sub inciso B de la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas indica que:
«Para todos los efectos, la canasta básica será establecida mediante decreto ejecutivo emitido por el Ministerio de Hacienda y el Ministerio de Economía, Industria y Comercio (MEIC), y será revisada y actualizada cada vez que se publiquen los resultados de una nueva encuesta nacional de ingresos y gastos de los hogares» .
Su afirmación carece de contexto, pues el Transitorio XI de la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas establecía que: 

El Ministerio de Hacienda coordinará con el Ministerio de Economía, Industria y Comercio la promulgación del decreto que contenga la nueva canasta básica tributaria, en un plazo no mayor de 3 meses a partir de la publicación de la ley, hasta tanto no se publique una nueva Canasta Básica Tributaria.

2. La canasta básica no toma factores nutricionales por ley. 

Diversas organizaciones y diputados han reclamado que Hacienda no incluyera factores nutricionales en la conformación de su nueva canasta básica. En realidad, la ley acordada por los diputados establecía que lista de productos con tasa de 1% solo debía realizarse en coordinación con el Ministerio de Hacienda y el Ministerio de Economía, de acuerdo al consumo de los hogares según la encuesta de Ingresos y Gastos del INEC.

Es decir, la ley pide a Hacienda que se base en lo que consumen los hogares pobres, y no en lo que piensa que deberían consumir. Tampoco pide a la institución coordinar con ninguna entidad de nutrición o salud.

Nuestros cálculos

Para nuestros cálculos tomamos como fuente la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares del 2013 del Instituto Nacional de Estadística y Censos para el 2013. Se usaron también las clasificaciones por quintil que allí vienen incorporadas.

Cualquier estimación realizada sobre artículos en la ENIGH debe tomar en cuenta los elevados márgenes de error que pueden tener algunos productos: especialmente los menos consumidos. Esa es la razón por la que hemos destacado que nuestras estimaciones no son totalmente precisas. A pesar de eso, la ENIGH sigue siendo el mejor instrumento disponible para realizar estas estimaciones.

Los datos usados están filtrados por consumo y por pago monetario (es decir, se excluyó el autoconsumo y otros tipos de consumo pues no representaron un gasto económico para las familias). El análisis se limitó a los 1.169 productos alimenticios contenidos en esa encuesta. Se decartaron los alimentos preparados (arroz con pollo, cantonés, etcétera) y aquellos que tienen impuesto selectivo de consumo (como las bebidas azucaradas) y el alcohol. Se empleó el gasto mensual en colones y el número de hogares por decil de ingreso per cápita según artículo o servicio adquirido, a partir una información facilidada por el INEC.

Todos los datos de consumo alimentario contienen esos filtros. Para analizar las posibles recaudaciones se aplicó un 13% de impuesto a cada producto alimenticio que no estuviera exonerado, y un 1% a los productos exonerados. Los montos en colones fueron traídos a valor presente, usando el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de octubre de 2013 y el IPC de marzo de 2019.

Puede descargar las listas de productos exonerados por Hacienda, según el Decreto y según los códigos de la ENIGH. También puede descargar las listas de productos exonerados por Hacienda en la canasta básica antigua aquí . Según indica Hacienda,  la lista antigua no se corresponde en un 100% con la clasificación del INEC, debido a que la metodología utilizada no es la misma. Por último, puede descargar nuestro análisis completo aquí.

 

Nota del editor: Esta nota fue editada para corregir un error en una de las ilustraciones. Además se corrigió la línea «los productos de la lista representan el 73% del gasto en productos alimentarios de esos hogares a pesar de las omisiones de productos relevantes y de las inclusiones de productos económicamente insignificantes», pues erróneamente indicaba «79%».