¿Cómo leer un gráfico? Pregúntele a Alberto Cairo

¿Cómo interpretar un gráfico? Alberto Cairo es experto en visualización de datos, y nos da algunos consejos para enfrentarnos a este tipo de «argumentos visuales» en los medios (y de cómo estar conscientes de nuestros propios sesgos)

¿Cómo interpretar un gráfico? Alberto Cairo es experto en visualización de datos, y nos da algunos consejos para enfrentarnos a este tipo de «argumentos visuales» en los medios (y de cómo estar conscientes de nuestros propios sesgos)

Así se exageran los datos gracias a la inflación

Ya sabemos que la plata cada vez rinde menos. Entonces, ¿por qué nos dejamos engañar tan fácilmente cuando nos alarman sobre cuántos colones subió un salario, un precio o una inversión a lo largo del tiempo?

Cómo mentimos los medios cuando hablamos de precios

Si un periodista o un político quiere engañarlo al hablar de precios o de dinero, no tiene que hacer mucho esfuerzo.

Por ejemplo, yo puedo decirle que el salario mensual de un funcionario público promedio pasó de ser ₡640.000 en el tercer trimestre de 2010 a ₡987.000 en el tercer trimestre de 2018. ¡Aumentó casi ₡350.000 en estos ocho años!

Créame. El dato no es incorrecto: de hecho, puede ver las cifras del propio Instituto Nacional de Estadística y Censos aquí. Son datos oficiales, el cálculo está bien hecho…. Y sin embargo, le estoy mintiendo.

También puedo decirle que el presupuesto de la Asamblea Legislativa se ha multiplicado casi tres veces y media desde el 2003 (¡pasó de ₡10.400 millones a ₡36.700 millones en el 2018!).
Y puede creerme de nuevo. El dato no es incorrecto: vea los datos en la propia página del Ministerio de Hacienda. Y sin embargo, le estoy engañando… Otra vez.

Si un periodista o un político quiere engañarlo al hablar de precios o de dinero, no tiene que hacer mucho esfuerzo.

Por ejemplo, yo puedo decirle que el salario mensual de un funcionario público promedio pasó de ser ₡640.000 en el tercer trimestre de 2010 a ₡987.000 en el tercer trimestre de 2018. ¡Aumentó casi ₡350.000 en estos ocho años!

Créame. El dato no es incorrecto: de hecho, puede ver las cifras del propio Instituto Nacional de Estadística y Censos aquí. Son datos oficiales, el cálculo está bien hecho…. Y sin embargo, le estoy mintiendo.

También puedo decirle que el presupuesto de la Asamblea Legislativa se ha multiplicado casi tres veces y media desde el 2003 (¡pasó de ₡10.400 millones a ₡36.700 millones en el 2018!).
Y puede creerme de nuevo. El dato no es incorrecto: vea los datos en la propia página del Ministerio de Hacienda. Y sin embargo, le estoy engañando… Otra vez.

¿Dónde está el truco?

En que no consideré la inflación. A veces, por error o con intención de confundir y de hacer más llamativa una información, los políticos o los periodistas no tomamos en cuenta el efecto de la inflación en los cálculos sobre precios a lo largo del tiempo.
En Costa Rica es normal ver fenómenos de aumentos de precios todos los meses. Así, por ejemplo, ₡100 de enero de 1976 tienen hoy un valor comparado de ₡20.772 (octubre de 2018).
Por eso, cuando comparamos precios o montos con varios meses o años de diferencia se vuelve más que necesario que los traigamos “al valor que tendrían en el presente”. Si a usted le suben el salario en un 5% pero los precios aumentan en un 10%, en la práctica, está recibiendo menos dinero.
Volvamos al ejemplo del salario de un funcionario público que dimos arriba. Ese salario promedio de un funcionario público de ₡640.000 en el 2010, sería equivalente a uno de ₡805.978 al día de hoy. Los dos datos son correctos, pero el primero es “nominal” (es decir, no considera el efecto de la inflación) y el segundo es “real” (sí lo hace, y “traduce” el monto al valor que tendría actualmente).
Así, el salario nominal de ese funcionario aumentó ₡350.000 en ocho años. Pero, en realidad, su capacidad adquisitiva solo creció en un estimado de ₡181.000, si consideramos el aumento general de los precios del país.
Lo mismo, con el presupuesto de la Asamblea. Pasó de ₡10.400 millones nominales a ₡36.700 millones en el 2018. Pero, en términos reales, pasó de ₡25.544 millones a ₡36.700. La diferencia es importante.

Un tele de 5.000

Veamos un par de ejemplos. Esta es una pieza publicitaria del 1 de enero de 1976 en la sección de Avisos Económicos de La Nación. A la izquierda, colocamos la fotografía original del periódico, a la derecha, vemos cuáles serían los precios de cada uno de los productos a setiembre del 2018 (¡comprarse un tele –usado– era bien caro!)

Fotografía de la sección de Avisos Económicos del diario La Nación del 1 de enero de 1976, modificada.
Este es un anuncio de El Verdugo del 3 febrero de 1986 en La Nación. A la derecha, los montos a valor de setiembre de 2018.

¿Por qué le puede interesar eso?

Es usual que alguien hable de «el gasto o la inversión más alta de la historia» o que indique que el precio de algún producto ha aumentado una cierta cantidad de veces, sin descartar el efecto de la inflación, lo que exagera muchísimo los montos.
La prensa también lo hace. Por ejemplo, La Nación afirmó el año pasado que “a lo largo de 15 años, el monto asignado al Fondo Especial para la Educación Superior (FEES) se multiplicó por nueve”, sin indicar que su comparación era nominal. En realidad, el monto sí había aumentado, pero –en términos reales– lo había hecho 3,4 veces… Pequeña diferencia.

Nada que ver: los trucos más comunes para confundirnos (última parte)

La semana pasada aprendimos que sacar una botella de Listerine en un debate también es una falacia perfecta (red herring); por qué no debemos creerle a Franklin Chang que la tierra sea redonda solo porque lo diga él (autoridad); o porqué las peleas de gallos no son justificables aunque nos desenfunden la falacia de la tradición.

También vimos que, casi siempre, usted tiene más de dos opciones ante un problema, y que desviar de tema y culpar a los demás es una falacia muy popular. Hoy cerramos nuestro ciclo sobre el tema con otras cinco falacias clásicas.

La semana pasada aprendimos que sacar una botella de Listerine en un debate también es una falacia perfecta (red herring); por qué no debemos creerle a Franklin Chang que la tierra sea redonda solo porque lo diga él (autoridad); o porqué las peleas de gallos no son justificables aunque nos desenfunden la falacia de la tradición.

También vimos que, casi siempre, usted tiene más de dos opciones ante un problema, y que desviar de tema y culpar a los demás es una falacia muy popular. Hoy cerramos nuestro ciclo sobre el tema con otras cinco falacias clásicas.

6. El pobrecito

“Hay que perdonarlo. Mirá que pasó tantos años lejos de Costa Rica sin poder comerse un tamalito”.
¡Esto es tan tico! Consiste en apelar a la lástima como un argumento para poder recibir un trato especial. Se llama falacia Ad misericordiam.

7. Demúestreme que es mentira que los marcianos existen

“El Consejo de Gobierno adora al pisuicas en sesiones secretas. ¿No lo cree? A ver: demuestre que no lo hacen”.
Se llama falacia Ad ignorantiam: afirmar que algo es verdadero solo porque no se ha demostrado que sea falso.

8. El hombre de paja y las “feminazis”

– Creo que falta mucho camino para que las mujeres alcancemos la igualdad de derechos…
–Usted lo que quiere es que las mujeres dominen el mundo, nos quiten los trabajos a los hombres y nos encierren en las casas…
Consiste en ridiculizar al extremo el argumento de una persona para dar la impresión de que es inválido.

9. Sería, posiblemente, podría ser, se esperaría que…

“Empresario textil estaría ligado al narco”.
Cualquier titular que use expresiones en condicional debería encenderle una luz roja en su cabeza. Es un argumento común en la prensa cuando un periodista quiere afirmar algo sin datos contundentes. Si no aporto elementos que justifiquen la afirmación estoy usando la falacia Ad conditionallis.

10. El dominó

“Si se aprueba el matrimonio igualitario van a terminar aprobando el aborto”.
Consiste en sugerir una serie de hechos que no tienen relación para generar usualmente paranoia y miedo entre quienes la escuchan. La falacia suele denominarse “pendiente resbaladiza”.
Más información
Puede encontrar más información sobre el tema leyendo Las Claves de la Argumentación, de Anthony Weston, lo recomendamos muchísimo.
¿Cómo mentimos los medios con estadísticas?. La próxima semana arrancaremos un nuevo ciclo sobre ese tema.

Nada que ver: los trucos más comunes para confundirnos (parte II)

Algunas de las falacias más comunes apelan a sus sentimientos. Se aprovechan de la sensación de confianza que puede darnos la autoridad, la necesidad de coincidir con los demás, nuestra empatía, nuestros odios y miedos. Cuando un argumento le dé la razón a usted, pregúntese cuál es su relación emocional con la idea y cuestiónelo con cabeza fría.

La semana pasada hablábamos de ello. Anthony Weston (en Las claves de la argumentación, recomendadísimo) habla de dos grandes tipos de falacias: la generalización (extraer conclusiones de una muestra demasiado pequeña: como ayer, y antier llovió, eso es culpa del cambio climático) y el olvido de las alternativas (pensar que solo hay dos opciones).

Aquí recopilamos cinco variaciones de ellas. La próxima semana compartiremos otras cinco más.

Algunas de las falacias más comunes apelan a sus sentimientos. Se aprovechan de la sensación de confianza que puede darnos la autoridad, la necesidad de coincidir con los demás, nuestra empatía, nuestros odios y miedos. Cuando un argumento le dé la razón a usted, pregúntese cuál es su relación emocional con la idea y cuestiónelo con cabeza fría.
La semana pasada hablábamos de ello. Anthony Weston (en Las claves de la argumentación, recomendadísimo) habla de dos grandes tipos de falacias: la generalización (extraer conclusiones de una muestra demasiado pequeña: como ayer, y antier llovió, eso es culpa del cambio climático) y el olvido de las alternativas (pensar que solo hay dos opciones).
Aquí recopilamos cinco variaciones de ellas. La próxima semana compartiremos otras cinco más.

1. ¿Y qué hay de….? (Whataboutism)

Un político es acusado de varios actos de corrupción que involucran el robo de un par de millones de colones. Cuando da declaraciones a la prensa le pregunta a los periodistas: “¿Pero no han visto cuánto dinero nos ha robado el partido opositor en los últimos cuatro años? ¿Qué me dicen de eso?”
La técnica es común en las redes sociales para desacreditar opiniones. Se cambia el tema de conversación, para evitar discutirlo:
–La administración Solís Rivera se vio cuestionada por el cementazo.
–¿Y qué me dice de la administración Chinchilla Miranda con la trocha fronteriza?
No hay una traducción precisa del término, pero en inglés es denominada ‘whataboutism’, y es una antigua técnica de propaganda soviética.

2. La sabiduría tradicional. Las mayorías

“Las peleas de gallos no deberían castigarse porque son una tradición”. “Usted debería apoyarme porque la mayoría me apoya”. Si algo es tradición, eso no quiere decir que sea correcto o incorrecto. Lo mismo sucede cuando alguien apela a las mayorías para justificar una opinión.

3. La autoridad

La tierra no es redonda porque lo diga Franklin Chang, Magallanes o Pitágoras. Sabemos que la tierra es redonda a partir de todas las demostraciones científicas que se han hecho sobre el tema. Decir que algo es cierto porque alguien famoso o experto lo ha dicho no lo convierte en verdadero. “Los científicos recomiendan este producto”. Qué bien, felicidades: enséñeme el estudio.

4. Usted solo tiene dos opciones

“Este 4 de febrero usted solo tiene dos opciones: votar por la corrupción y el despilfarro o votar por el progreso y el desarrollo” Se llama falacia del falso dilema: presentar solo dos opciones, como blanco y negro, cuando en realidad hay muchos tonos de grises y opciones.

5. La falacia del Listerine™

Sáquela del estadio. Ponga un distractor en la discusión completamente distinto a lo que se está debatiendo para desviar la atención (Red herring). Un saludo al ministro de la Presidencia.
La próxima semana hablaremos de otros cinco tipos de falacias.